
Absorción inmobiliaria: por qué el promedio histórico engaña
El indicador que más decisiones sostiene es también el peor calculado. Explicamos por qué medimos la absorción en tres ventanas, q…
Leer análisis →Absorción, inventario, mezcla de producto y precio de cierre son los cuatro indicadores que deciden un proyecto. Explicamos qué significa cada uno, cómo se levanta y por qué la fuente del dato cambia el resultado.
Un estudio de mercado inmobiliario no es un documento con gráficas. Es la respuesta a cuatro preguntas que determinan si un proyecto se vende o se queda parado: a qué ritmo compra el mercado, cuánto producto hay compitiendo, qué está comprando la gente y a qué precio se cierra realmente.
Todo lo demás —los mapas, el contexto socioeconómico, las fotos de fachadas— acompaña. Estos cuatro indicadores deciden.
La absorción es cuántas unidades vende un desarrollo o un mercado por mes. Es el indicador más importante y el peor entendido.
Un error frecuente es tomar el promedio histórico del proyecto desde que abrió. Si un desarrollo lleva 36 meses y vendió 180 unidades, el promedio da 5 al mes. Pero si vendió 150 en el primer año y 30 en los últimos dos, ese promedio esconde que el proyecto ya se frenó.
Por eso medimos la absorción en tres ventanas: histórica, últimos doce meses y últimos seis. Cuando las tres se separan, el mercado está cambiando y hay que explicar por qué.
La absorción de los últimos seis meses contra la histórica es la señal más temprana de que un mercado se está saturando.
El inventario son las unidades disponibles hoy en el mercado relevante. No en la ciudad: en el mercado que de verdad compite con el proyecto, que casi nunca coincide con el municipio ni con la colonia.
Cruzar inventario con absorción da el indicador que importa: los meses de vigencia. Si hay 400 unidades disponibles y el mercado absorbe 20 al mes, quedan 20 meses de inventario. Ese número le dice a un desarrollador si tiene espacio para entrar o si va a pelear cada venta.
Un mercado no compra "departamentos". Compra departamentos de dos recámaras entre 75 y 95 m² con una determinada dotación de amenidades y un rango de precio concreto.
La mezcla de producto es la distribución de la oferta y de las ventas por tipología, superficie y segmento. Cuando la oferta y las ventas no coinciden —hay mucho producto en un rango que no se está vendiendo— aparece la oportunidad: ahí es donde un proyecto nuevo entra sin competencia directa.
El precio de lista es público. El de cierre no.
Entre uno y otro hay descuentos, bonos, meses sin intereses, enganches diferidos y paquetes de acabados. En mercados apretados esa diferencia supera con facilidad los dos dígitos. Un análisis que solo mira precios de lista está midiendo lo que el desarrollador quiere cobrar, no lo que el mercado está pagando.
Recuperar el precio de cierre exige trabajo de campo y relación con el sector. No hay portal que lo publique.
Aquí es donde los estudios se separan.
En INMO1 trabajamos con la tercera. Las cifras que sostienen nuestros análisis vienen de ahí:
Vale la pena decirlo con la misma claridad.
Un estudio de mercado no es un avalúo: no determina el valor de un inmueble para efectos fiscales o crediticios. Tampoco garantiza un resultado comercial: mide condiciones observadas y proyecta con supuestos explícitos, pero la ejecución del proyecto, el equipo de ventas y el ciclo económico pesan.
Y no sustituye la revisión legal ni la técnica. Un terreno puede tener el mejor mercado del país y un problema de uso de suelo que lo hace inviable.
Cuando reciba un estudio, busque tres cosas antes que cualquier gráfica:
Si esas tres cosas están y son verificables, el resto del documento se puede leer con confianza. Revise el alcance de un estudio de mercado inmobiliario de INMO1 y sus entregables.

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